
Posiblemente en el proceso de maduración de nuestra sociedad
hayamos pasado de educar con un modelo de autoritarismo, poco proclive a las
explicaciones y menos aún a escuchar al niño o joven, a una mayor permisividad y
se estima que quizá tardemos toda una generación en recuperar la autoridad
dialogante, una autoridad que fija y marca límites justos, razonables y
negociables, necesarios para el aprendizaje de la libertad personal y la
convivencia social. Necesitamos una vuelta de tuerca. Se trata de que cada uno
de nosotros asuma la parte de responsabilidad que nos corresponde en la
educación en esos valores. Pero sólo en la medida en que vivamos los valores
que queremos trasmitir conseguiremos el objetivo, porque educar es,
fundamentalmente, comunicar a través del ejemplo, trasmitir actitudes y
comportamientos. No olvidemos nunca que ante los educandos somos sus modelos. Reflexiona sobre el ejemplo que tú das.
Patricia Catalá
Orienta psicólogos